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Medición objetiva, criterios de cambio y estandarización
8 de julio de 2026:
Los procesos de fritura son un factor clave para la calidad en los establecimientos gastronómicos: los consumidores esperan un resultado homogéneo en cuanto a color, textura y aroma. Al mismo tiempo, el aceite de fritura es un factor de coste relevante, cuyo precio puede fluctuar considerablemente. En empresas con varios establecimientos, surge un problema adicional: si las decisiones sobre el cambio de aceite se toman de forma subjetiva, la calidad del producto varía entre los distintos establecimientos y el consumo de aceite no puede planificarse ni optimizarse.
Resumen de los fundamentos científicos: El envejecimiento del aceite es medible
Durante la fritura tienen lugar procesos químicos como la oxidación, la hidrólisis y la polimerización. Esto genera productos de degradación que alteran las propiedades del aceite: la viscosidad, el comportamiento ante el humo y la transferencia de calor pueden variar. En la práctica, esto significa que el aceite «envejece» no solo de forma visible, sino también estructuralmente, y este cambio puede cuantificarse mediante indicadores adecuados.
Para realizar una evaluación objetiva, se ha establecido en numerosas aplicaciones el parámetro TPM (Total Polar Materials). El TPM describe la proporción de productos de degradación polares presentes en el aceite, que aumenta con la vida útil y la carga. La ventaja de una decisión basada en el TPM es su reproducibilidad:
. A diferencia de las impresiones sensoriales, este indicador es comparable entre distintas ubicaciones y puede integrarse perfectamente en los procesos estándar. La medición objetiva aporta mayor transparencia, especialmente para los responsables de operaciones, los responsables de calidad y los departamentos de compras.
En este sentido, es importante contar con una rutina de medición clara: la medición debe realizarse a una temperatura de funcionamiento definida, en freidoras o líneas fijas y con una asignación clara al turno. Solo así los valores serán fiables para los análisis de tendencias y la evaluación comparativa.
En muchos países se han establecido valores límite o de referencia para la evaluación de los aceites de fritura, que marcan el punto a partir del cual un aceite ya no se considera apto por motivos de seguridad alimentaria. Sin embargo, para garantizar una calidad constante del producto durante el funcionamiento, lo decisivo no es tanto el valor límite legal, sino un rango estable y controlado dentro del cual se mantiene la calidad del aceite a lo largo del tiempo. Por supuesto, sin incumplir los requisitos legales.
En la práctica, esto significa que los valores medidos no solo deben documentarse, sino también utilizarse como variable de control. En función del valor, se activan medidas predefinidas:
es posible continuar el funcionamiento en la zona de acabado
cuando se acercan los valores límite, puede resultar útil una renovación (por ejemplo, rellenando según la lógica del proceso)
si se alcanzan o superan los valores límite, es necesario un recambio parcial o un cambio completo del aceite
De este modo, las empresas garantizan una calidad de fritura constante y evitan costes innecesarios en aceite. Además, los valores medidos registrados permiten realizar análisis de tendencias, comparativas entre centros y un mejor control centralizado.